| alexandra ( @ 2009-05-31 11:21:00 |

Entre San Diego y Tucson hay unos 600 km, así que calculamos entre 6 y 7 horas para llegar. Nos levantamos a las 4:30, desayunamos en la cocina del hostal y salimos hacia las 5:45 de San Diego.















Es impresionante como va cambiando el paisaje en pocas millas.










Creo que fue aquí cuando me di cuenta de que me había olvidado el teléfono en el hostal, llamé pero "no lo encontraron". Espero que me llegue el nuevo esta semana.
Paramos en esta gasolinera a repostar, pero daba un miedo espantoso y nos fuimos en dos segundos, todo abandonado, con advertencias un poco raras, un retrete en la puerta y el techo todo descolgado, yo ya me imaginaba una matanza en arizona.


Así que hacia las 11 de la mañana volvimos a parar porque ya llevabamos 5 horas bien buenas conduciendo (con algunas paraditas), pero es que la carretera es realmente desesperante, es completamente recta! Y cansa mucho solo ver una recta durante hora tras hora. Teniamos bastante hambre y nos compramos un perrito de dudosa calidad al que di un mordisco y recordé que me dan asco, pero el jefe dio cuenta de él rapidamente.








Pasamos por el Desierto de Sonora, con sus cactus altísimos que me recordaban a Marge Simpson. La temperatura era de 40º sin una brizna de viento y poco después, a las 13:15 llegamos a Tucson. El Hotel Congress es un hotel de 1919 decorado a la antigua, con sus historias de fantasmas, incendios y locos años 20, en el que detuvieron a John Dillinger.













Después de dejar las cosas nos fuimos a Sant Xavier del Bac, otra misión, a 20 minutos de Tucson.













El concepto de garrafón de agua bendita es muy bueno. Vimos un perrito de la pradera y un correcaminos y me volví loca.




Desafortunadamente el coche a mitad de camino desde San Diego había empezado a dar problemas, esta vez era el aceite. Buscamos un concesionario Ford para que lo miraran pero ya estaban cerrando, nos fuimos al Walmart, donde suelen tener también mecánicos, pero resulta que el coche era demasiado nuevo y no tenian los libros de este año para ver que aceite usaba, así que nos fuimos al aeropuerto de Tucson a ver si podíamos cambiarlo. Así se nos hizo de noche, menos mal que nos cambiaron el coche finalmente y nos dieron uno mucho más grande. Como nota bizarra, vimos a un preso al que iban paseando en un camión-jaula, en cuya parte delantera había un maniquí sobre una camilla, cubierto de sangre y un cartel en el que se leía "este hombre conducía borracho y mató a una persona". En Arizona no se están con chiquitas.
Comimos como pudimos y donde pudimos porque no eran horas y no había nada abierto. Ya era bastante tarde cuando llegamos al hotel, aproximadamente las 8 de la tarde (muy tarde para unas gallinas como nosotras) y solo nos dio tiempo a pegarle un vistazo a una Iglesia. Si alguna vez estais en Tucson y teneis el sueño ligero, no os recomiendo que os quedeis en el Congress porque todo hace ruido y tienen orquesta country cada noche, pero yo duermo como un tronco y no tuve ningun problema.





