| alexandra ( @ 2009-06-04 15:22:00 |

Nuestro séptimo día en USA comenzó, como no, tempranísimo. Los únicos que tenemos el horario trastocado somos los españoles me parece. Total, nos levantamos, desayunamos el más bien parco free continental breakfast del hotel y nos pusimos en marcha para recorrer los 400 km que separan Las Cruces de Santa Fe, situada al norte de Nuevo México.
La ruta que seguimos subía paralela a Río Grande, así que era un poco más verde que todo lo anterior, cosa que agradecimos. Nuestra primera parada fue en un pequeño pueblo llamado Truth or Consequences cuyo nombre nos había llamado la atención ya desde hacía tiempo en el mapa y queríamos fotografiar el cartel (el turista es siempre idiota?)








Obviamente la carretera se hace insoportablemente larga día tras día y vas haciendo paradas. Existen las áreas de servicio, completamente gratis que cuentan con lavabos las más sencillas, y otras más curradas que también tienen café gratis, máquinas expendedoras y lugares de picnic. Luego están las gasolineras, que hay una en cada esquina. La gasolina es baratísima, con 25$ llenábamos el depósito del Cañonero; además están un poco más curradas, por 1$ te puedes servir un café de 800ml con sabor a lo que quieras y aderezarlo con pijaditas mil, como cremas de vainilla, de avellana, siropes diferentes, azúcares, canela, chocolate... o bien servirte un fresisuí o una soda normal.






La ruta 66 cruza Alburquerque, así que en vez de atravesar Alburquerque por la autopista por la que ibamos, nos desviamos para ver Alburquerque desde la 66. Es una ciudad bastante bonita la verdad, con más edificios de pisos que las demás (creedme, esto se vuelve fundamental).






Nos reenganchamos a una carretera que se dirigía al norte cualquiera y la seguimos, porque nos habíamos perdido un poquito por Alburquerque. Queríamos llegar a Santa Fe cuanto antes, pero al llegar a un pueblo llamado Bernardillo, nos pareció bastante bonito y vimos un sitio para comer que nos llamó la atención. Como ya he dicho se come pronto, y como ya teníamos el cuerpo acostumbrado, nos sentamos a comer a las 12 del mediodía. Pedimos unos nachos con sus salsas y dos sandwiches reuben acompañados de ensalada a la vinagreta y con salsa ranch, todo estaba espectacular.









Comer en USA no es barato, pero sí un poco más que aquí, cosa que llama la atención porque la comida en el super es muy cara. Una comida como la de este día podía costar unos 20-25$ (14-20€) y el agua siempre es gratis en los restaurantes, eso sí, si no dejas propina te pueden fusilar con la mirada.
Nos pusimos pues, camino a Santa Fe de nuevo, que estaba como a una hora de camino.





Al llegar al motel, dejamos los trastos como siempre y nos fuimos a conocer Santa Fe.




















No os creais que Santa Fe es muy grande, apenas tiene 70.000 habitantes, pero eso sí, por lo menos el centro es muy bonito. La construcción en este estado se basa en la casa de adobe pintada de ocre o amarillo, como os podeis figurar, aunque fuera hacía mucho calor, dentro se estaba fresquito, y también mantiene el calorcito durante las frías noches del desierto.
Hacia las 3, cogimos el coche para ir a Taos. Taos es (







A la white trash no les saqué fotos porque me daba miedo. Había visto pueblos enteros de casetas de obras. Pueblos enteros que vivían en caravanas. Es normal que en las ciudades si tienes porche saques tu sofá y tus sillas allí, a fer safareig. Pero familias gordas con mullet bebiendo cerveza mientras miran pasar los coches, eso me supera.
Al llegar a Taos (tardamos como una hora y media), vimos que se dividia en dos, Taos pueblo y Taos. Las ruinas antiguas de los indios y después de los españoles es Taos pueblo, y eso queríamos ver, pero justo cuando ibamos a bajar del coche, vimos una señal que prohibia visitarlo. Para que negarlo, nos enfadamos muchísimo, porque no ponían un cartel antes? O Taos Pueblo cerrado, no cuesta tanto!
Es un fallo que le encontramos a Estados Unidos, no informan, osea, información turística cero patatero.
El pueblo parecía lleno de chalados, juraría que todos eran parientes de todos (no hablo con la rabia, eso ya se me pasó), pero había mucho piesnegro con miles de perros.













Además, aunque solo eran las 5 de la tarde, estaba todo cerrado, así que no teníamos otra que volver a Santa Fe. Paramos ahí mismo en Taos a repostar y mientras yo estaba dentro comprandome un café aliñado con mil cosas, Pep estaba fuera llenando el depósito y limpiando el cristal, entonces oyó a alguien gritar: "Fire! Fire!", se giró, y vio como de un coche destartalado salían llamaradas y como por el maletero llegaban a salir hasta 9 personas. Se subió en el coche y empezó a pitarme, yo ajena no le hice ni caso, además tenía un cansino delante que estaba creando la cola de dios, pero los ojos de Pep me lanzaban rayitos. El fuego lo apagaron, pero salimos de allí zumbando.



Llegamos a Santa Fe entre las 7 y las 8, y con nuestro nuevo planing de gallinas estabamos cansadísimos y nos fuimos al sobre.